
¿Qué es Kindred?
Tienes preguntas sobre la plataforma de intercambio de casas; nosotros tenemos las respuestas.
Es natural tener dudas sobre dejar que miembros de Kindred se queden en tu casa. (¡Todo nuestro desorden! ¡Miedo a lo desconocido!) Pero las recompensas pueden sorprenderte.

Ya he hecho media docena de intercambios de casas y, si alguna vez has estado a menos de 10 pies de mí en una cena (o en cualquier sitio, siendo sincera), probablemente ya habré intentado venderte el concepto.
Todo el mundo asiente, con los ojos bien abiertos, cuando hablo de los lugares en los que nos hemos quedado (Toscana, París, Ámsterdam) a los precios que hemos pagado (sorprendentemente bajos). Pero luego llega lo inevitable: “Espera, ¿dejas que la gente se quede en tu casa?”
Oh, sí. Dejamos que la gente duerma en nuestras camas, hojee nuestros libros de cocina, vea nuestra televisión y coma nuestros bagels de Nueva York (bueno, los bagels que cortamos y congelamos solo para ellos). Es increíble.
Créeme, yo tenía todas las dudas típicas: ¿y si rompen algo? ¿Está nuestra casa demasiado llena de cosas? ¿Lo bastante limpia? ¿Da la sensación de “Pasa, esta es tu casa” o más bien de “Tenemos dos hijos y un problema con los zapatos”? (Respuesta: sí a las dos cosas)
Igualmente, nos lanzamos. Ahora, tres años y seis viajes después, puedo decir con certeza: ser anfitrión no es solo algo a lo que te acostumbras. Es algo de lo que acabas enamorándote. Y eso es por la gente.
A una familia parisina le sorprendió encontrar baguettes auténticas en las panaderías francesas de Cobble Hill. Usaron nuestra lista de consejos sobre Nueva York como una búsqueda del tesoro y luego nos contaron cuáles fueron sus parques y museos favoritos. Cuando volvimos, nuestra casa se veía mejor que cuando nos fuimos. Cuando llegó nuestra persona de la limpieza, recorrió la casa alucinada. Me llamó para decirme: “¡Han pasado la mopa!” (Kindred organiza limpiezas de casas y puede encargarlo a tu persona de la limpieza habitual si lo prefieres. Y, por cierto, ¡no hace falta pasar la mopa! ¡Yo nunca he pasado la mopa!)
La hija de una pareja holandesa se acurrucó en las literas de nuestros peques y nos construyó una escultura de Lego a modo de gracias. Una familia de Montreal amante del arte nos dejó una lista de sus galerías favoritas de Nueva York, además de flores frescas. Este verano, vamos a hospedar a Emily, una antigua alumna de la Universidad de Míchigan cuyas hermanas viven en nuestro barrio. Nos escribió un mensaje encantador que hizo que el intercambio dejara de sentirse como “abrir nuestra casa a desconocidos” y pasara a ser “compartir nuestro lugar con la amiga de una amiga”. Y así se han sentido todos los intercambios: con una conexión humana real de fondo.
Esas personas viajeras nos han llegado a conocer a través de nuestra casa y de nuestra guía del barrio, hiperpersonalizada y casi mandona. (“Tienes que pasear por Brooklyn Bridge Park; ¡no es opcional!”) Y nosotros hemos llegado a conocerles a través de sus gestos amables y sus mensajes. Y seguimos en contacto: todas las familias con las que hemos hecho intercambios de casas están en nuestra lista de postales navideñas.
Estas historias no son excepciones. Las personas de Kindred respetan tu espacio porque saben lo que significa ofrecer el suyo. Riegan las plantas. Dejan una nota de agradecimiento. Ven tu casa no como un alquiler, sino como una casa de verdad. Porque lo es.
Ahora, cuando nos vamos de viaje, quiero que alguien se quede en nuestra casa. Prefiero que nuestra casa esté vivida y disfrutada (y sí, que las plantas estén regadas). He aprendido que no se trata de ser un “anfitrión” en el sentido formal, de toallas perfectamente dobladas. Se trata de compartir tu vida real. Y de que alguien te diga: “Aquí nos hemos sentido como en casa”.
La alegría de viajar es evidente. Pero la alegría de ser anfitrión es más discreta. Te pilla por sorpresa. Ser anfitrión es compartir lo que tienes y recordar que es más que suficiente. Hay una simetría preciosa en ello: mientras tú estás viviendo una aventura en una casa lejana, otra familia está creando recuerdos en la tuya.
Ser anfitrión no es el precio del intercambio de casas. Es parte del regalo.


Tienes preguntas sobre la plataforma de intercambio de casas; nosotros tenemos las respuestas.

Intercambiar casas preserva el carácter de los barrios, fomenta un intercambio cultural más profundo y ayuda a que las personas que viajan dejen una huella más ligera en el planeta.

Los intercambios de casas con Kindred convirtieron una fantasía de trabajar desde casa en realidad.